Manifiesto de las XIII Jornadas de Economía Crítica Sevilla 2012

Hace más de cuatro años que se inició la debacle financiera internacional que ha generado una de las mayores crisis de la historia del capitalismo. Desde el principio estaba claro que las causas de los problemas se habían originado por la extrema financiarización económica y las políticas neoliberales. No obstante, se impuso rescatar a los bancos bajo el pretexto de que ello salvaría al conjunto. Tras cuatro años de fracasos continuados, se mantiene el predominio de las políticas neoliberales, y con ellas proliferan los males económicos en forma de paro masivo, desahucios, quiebra de economías nacionales, demolición de los servicios públicos, aumento de las desigualdades. Se han bloqueado las respuestas necesarias a los desafíos planetarios que plantea la crisis ecológica y sus secuelas de hambrunas, cambio climático, contaminación, y a la crisis de los cuidados y de la reproducción social, agudizada hasta el extremo por el envejecimiento demográfico. La insistencia en unas mismas políticas es muestra del poder que ejercen la minoría social que controla la economía, la irresponsabilidad, complicidad y desorientación de las élites políticas y la incapacidad de la economía académica dominante que no analiza los problemas básicos que tiene planteados la humanidad.

En el estado español estos problemas han alcanzado unos niveles insostenibles, como resultado de un largo proceso que ha llevado al país a figurar entre los países con mayor desempleo y precariedad laboral, y a agravar la insuficiencia de los servicios públicos para garantizar el bienestar de la población, las desigualdades de género y el deterioro ambiental. Una responsabilidad que recae en los grandes grupos económicos, las políticas de los sucesivos gobiernos y las imposiciones de la Unión Europea. El “auge” de la economía española vino animado por una insostenible burbuja especulativa (financiada con capitales foráneos) y por el saqueo de lo público con megaproyectos, privatizaciones y prácticas corruptas. Ello ha generado el endeudamiento masivo (fundamentalmente de bancos, empresas privadas y hogares), la relativa desindustrialización del país, la depredación ambiental y una política fiscal que ha debilitado los ingresos públicos y reforzado las desigualdades.

El nuevo gobierno está llevando a cabo una política de la que sólo se puede esperar el agravamiento de la situación. La imposición dogmática de recortes al gasto público, la derogación de leyes ambientales, las nuevas ayudas a la banca y la enésima reforma laboral significan un reforzamiento de las líneas de actuación que nos han llevado hasta aquí. Seguir por este camino conduce a profundizar nuestros males, al aumento de las desigualdades, al desastre ambiental, a la insostenibilidad de la vida cotidiana de muchas personas, a la degradación como sociedad.

Como economistas críticos, que no participamos de la ideología económica dominante, y como personas preocupadas por el bienestar colectivo, consideramos que hay que explorar otras vías alternativas y hay que implicar a la sociedad en la búsqueda de diagnósticos y soluciones. Un enfoque que debe tener como prioridades principales:

  • Políticas de cambio de la estructura productiva y energética con objeto de eliminar los desequilibrios económicos y los negativos impactos ambientales del modelo actual.
  • Reducir las insoportables desigualdades de renta mediante cambios en los procesos de distribución y redistribución de la misma. Una política económica y laboral orientada a garantizar empleo, salarios y condiciones laborales satisfactorias para todas las personas.
  • Una reforma fiscal auténticamente progresiva y orientada a dotar al sector público de ingresos suficientes para cubrir las necesidades colectivas y favorecer la reconversión del sistema productivo
  • Una reforma profunda del sistema financiero, reduciendo su peso a todas luces excesivo y sometiéndolo al control público.
  • Una reorientación de las principales instituciones económicas –públicas y privadas-, democratizándolas, con objeto de impulsar una economía social y ecológicamente sostenible.
  • Reforma en profundidad de las instituciones comunitarias e internacionales con el objetivo de que favorezcan la reorientación de las actividades económicas en el sentido indicado.
  • Plantear el cuidado directo de las personas como una cuestión de responsabilidad de la sociedad en su conjunto y no como un asunto privado de las mujeres.
  • Exigir una auditoría ciudadana de la deuda pública y de las garantías públicas de la deuda privada. 

Pensamos que estos objetivos requieren un proceso de participación y movilización social y llamamos a los economistas y científicos sociales críticos a impulsar y colaborar para que esto sea una realidad.